sábado, 8 de septiembre de 2018

Máquina del tiempo

A veces extraño cuando lo complicado era tan sencillo. Sí, qué fácil era cortarse, llorar y lamentarse, no esforzarse por nada porque la muerte estaba en la esquina ¿Qué sentido tenía? Nada valía la pena, yo era un desastre sin solución que solo arrastraba a todos a formar parte de mi destrucción. Eso creía, que no había esperanza para mí, que la única forma de hallar paz era con el desenlace de mi muerte.
Ahora todo es distinto, tengo esa cosa llamada optimismo, tengo fe en que todo va a mejorar y no a empeorar, que los altos y bajos los tenemos todos, nada es el fin del mundo, los días grises pronto se aclaran.
Todo es más difícil, hay que ser fuerte siempre, caer no es una opción. Puedo llorar, pero no hundirme; pienso en la sangre, recuerdo el filo y el dolor, pero no puedo cortarme, recito mentalmente monólogos interminables a las personas que me lastiman, pero no pierdo mi tiempo tratando de hacerlos sentir culpables; puedo estar despierta hasta las 5AM pero no para planear mi muerte. 
Supongo que si caigo podré volver a levantarme, pero ¿para qué arriesgarse? ¿Por qué tirar a la basura el tiempo que me costó llegar aquí? Sería como volver en el tiempo. Y sí, claro que es más difícil   nadar que flotar, pero no me malinterpreten, nunca volvería a lo sencillo, al vacío, a la nada. Es solo que...  A veces es triste pensar que un alcohólico nunca podrá ni con una copa de vino. 

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